Bajo el tapiz de la habitación
guardaré las paredes con dibujos
Ocultaré los sueños que a rienda suelta no van
Que con cuidado pinté
Que no pueden ser
Dormiré en las noches mientras ellos viven bajo el pegamento
Cerraré los ojos y olvidaré
Mientras recuerdo que olvidar no es mi profesión
Que los dibujos vuelven a mi corazón
Al amanecer, cuando las estrellas se van
Y la luz invade mi habitación
Guardaré en silencio un sueño más
Esta vez bajo la almohada para volverlo a soñar
Pero este sueño sangra y muere
Este sueño está prohibido y encadenado
Y un sueño se convierte en pesadilla
Me persigue y no me deja concentrar
Yo me pongo de frente y espero el golpe
Abro los brazos
Escondo mis ojos bajo los párpados
Pero el tiempo se hace lento y el acontecimiento eterno
Me mudaré al barrio de las decepciones
Donde se publican las traiciones
Seré verdad con la boca llena de barro
Y mientras tanto buscaré una caricia
La caricia del vicio que me mata
El vicio que me traiciona
Mis segundos se contradicen
Daré un paso adelante mientras mi mente retrocede y vuelve bajo el viejo tapiz
miércoles, 23 de julio de 2014
Bajo el tapiz
miércoles, 21 de mayo de 2014
En el bosque
Un hombre.
Un hombre que viaja y un niño cuando conoce la nieve. Las nubes y las formas, el amor y su aroma. Un viejo con su sabiduría, con el peso de los años, con el corazón remendado. Después de todo, un viejo.
El tiempo y todas sus edades se nos presentan cada día, nos sentimos tan variables; niños, jóvenes, viejos. A veces nos sentimos atemporales, y esta es la historia de ese ser, que sin tiempo y a veces con el, recorría el espacio, en silencio y escuchando, sin mucho hablar, sin mucho que decir. Sin saber de lo bueno o de lo malo.
Un día se despertó y vio el amanecer como lo soñaba. Una noche se despertó y vio la luna que lo llamaba.
Se adentró en el bosque y solo, pensó, y solo, vio los arboles, y solo, sintió el olor a tierra húmeda, y solo, escuchó el viento entre las hojas, mientras la tarde se hacia gris, sin atardecer y con augurios de lluvia, con una tormenta a lo lejos, con rayos y luces de ira.
Se acercaba la tormenta de regreso al bosque a traer un poco de dolor, de furia y fuerza fatal.
La tormenta en si, es y no es mala; con ella termina y comienza la vida. Pero la tormenta es tormenta, se siente en el bosque y el hombre la vive en la oscura noche. Solo, solo como antes.
Cuanto pudiera suceder, el hombre vivía. Y la tormenta terminó. Y él seguía sin tener palabras. Pero en sus ojos vivió la tormenta, hasta el amanecer.

