miércoles, 23 de marzo de 2011

Evergrey.

Si tan solo pudiera decir que me atormentas todas las noches, pero eres privilegio de solo unas cuantas. Tú sin nombre, tú sin rostro, tú anhelada, tu tan esperada. Ya que no llegas, ya que no se si llegaras. Debo aprender a caminar, aun así, aunque todo no tenga sentido, y cada paso sea incierto, ya con las luces apagadas, y la cabeza gacha, pasito a pasito, lento y sin saber de donde vengo ni a donde voy. Con manos que de vez en cuando guían, mi caminito inseguro, del mundo. Me recostare todas las noches y pensare, pensare en el pasado, pensare en los recuerdos, en lo único que deja el camino. Porque podría tener sentido al final. Podría valer. O quizás no. Si hoy las dudas, y los cuestionamientos, me mantienen sin sentido; apagado. Gracias, a todos los momentos y a todas las personas, que regresan en las noches, y viajan por las mañanas, para hacer de las tardes, más tristes y tolerables. Tristes porque no tienen objeto alguno. Porque no carecen del valor que parecen, pero no lo veo.

viernes, 25 de febrero de 2011

Caos


Exigente e inconforme, sin conocer el objeto que atañe su buscar, olvidando el recordando, queriendo querer y sin nada que ofrecer. Obstinado luego apenado, me excuso por todos los daños ocasionados.
Baldío. “Nobody’s home, my home”
La culpa que marca el camino, y le hace más largo, menos llevadero. Punto aparte, dice: no, no dice.
Caos experimental de un aprendiz perdido. Aprendiendo.
Luego la música o quizá nunca, para así, concluir la vida, de la nota más cruda.

viernes, 11 de febrero de 2011

Indiscreto.


Después me sentí como mareado, todo daba vueltas, y diferente mi latir, las letras dan vueltas, con los sueños implantados en mi subconsciente, despierta luego del largo letargo, amenazante y extendiendo un temblor, derrumbando la muralla de árboles secos que construyó el temor y rencor propios. Sin palabras descriptivas, y estilo descuidado, pero sin duda satisfactorio, artículo ilegible, improvisado y sensato.
No desaparezcas.

domingo, 23 de enero de 2011

Cordial saludo a la esperanza.

Puede que no valga la pena que hoy salga el sol, y puede que no tenga ya valor.
Se partió el papel. La tinta se seco. Y los años le empolvaron. Por la vida se olvido. Más el cielo no miró.
Le debo respeto y comprensión, a la señora vida que mintió, con la más cruda verdad, a la que hoy llamamos realidad.
Óigame señor debe usted mirar, creo que no tengo corazón; ¿es usted médico?, mire, no suena, como si no fuera posible, y hoy que escribí tantos nombres y se los lance al viento, y creo que no le atine, nada me trajo de vuelta.

Sin comentarios.

Y Hola.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Desperate et finis.













De todos los tintes posibles se pinto y revienta hoy, proclama libertad, como loco corre hasta el altar; arrodillado cabizbajo, golpea el suelo e implora verdad; de un grito rompe el vitral, que astillado cae en una tormenta abismal. Comienza a nevar, y su llanto a congelar, vuelan las gaviotas olvidándole al pasar, todas se dirigen al mar. Penumbrosa la capilla, entristecida y malherida, susurra con el viento y le seca las mejillas. Tendido y sin aliento descansa un momento, sumiendo sus anhelos en un letargo eterno. Agobiado y maltratado, consumido en el silencio, cierra los ojos para jamás abrirlos de nuevo. Cose su boca y camina en dirección al destierro, renunciando a su vida y amor sincero.

Mortuus en quies quietis.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Re.tratando de amargura

Recorriendo calles a ciegas, dando pasos tentativos; y dice así – Oh! Tarde gris, tan fría que eres, como aplastas lo que quieres. Y surgirán tantas palabras como quiera, serán tristes, devastadoras, desalentadoras, desconsoladoras o como sea, da igual. Sin mí, sin ti y con nadie; y recuerdo mi trillada boreal, pero eso sí, solo. Porque tan acompañado quise estar, y tan acompañado lo estuve, pero siempre solo. Sí amanece todos los días, pero no me despierto, las cobijas me pesan, escuchando la misma canción, y nadie la cambia, giran las paredes, se ven los parasoles, y dan vueltas y más vueltas. Corriendo sin tus alas y volando sin tus pies, recordando las palabras, olvidando por doquier. Un sin sentido paradójico un día me dijo que mañana era hoy pero primero ayer seria más tarde, y salí huyendo. Entre a la cabina de teléfono, deje que repicara, y contestaron, pero no hable, esperaba supiera de mi silencio, compañera amargura, que al parecer colgó indignada. Corto rápidamente la tela de la vida, y separo los hilos, los lanzo al lodo, los pisoteo, y luego rio. Así, yo con amargura y amargura con migo, pero yo solo.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Remiendos sobre-abrumadores.

En lo alto gris y cubierto de niebla, con gotas de rocío, y olor a frío, café amargo y pipa en mano, sentado en la montaña, rodeado del atardecer, miro al águila pasar, dueña de las nubes, afrontando los temores. Soñé alas, pero nunca salieron, lloré con el alma, por la impotencia de mi nostalgia. Creé mil mundos, y en ninguno habité, los uní todos, y un caos creé, desalojé a los pensamientos, pero se rehusaron partir, y rebeldes se amotinaron en mi; solo quedó tal comparado a un cadáver, apestado de moscas y gusanos, casi degradado. Escuché los pájaros, y vi el amanecer, luego prometí, y olvidé cumplir, dejé que el tiempo fuera mi limitante, y de nuevo fallé. Le propuse a mi corazón una tregua y me asfixió, fui testigo de la masacre más cruel, pero me levanté, magullado y desmembrado, un paso caminé, noté que ya no tenía pies, estaba postrado, y con el cielo a mi espalda, una semilla fue todo lo que pude ver, esperanzado, la cuidé, y con mis ideas la fecundé, pero la muy desgraciada creció y me ahogué. Pasó el tiempo y quedaron cenizas, y un fuego ardió, parecía que el mundo me odiaba, ni ellas en paz descansaban. Y así se fundió, y luego apagó, fuerte llovió. Subí a la aurora boreal y me dormí, hacía helado allí, me encontraba abrigado, tenía el negro cielo tan inmenso realmente cobijándome, y brindándome de sus estrellas, llegaron las constelaciones y me deslumbraron, subieron nebulosas y me arrullaron. Y así voló el águila, a mi lado, rocé sus alas y creí que caía, nadie para ella es compañía; dejó un sendero de belleza, que el viento borro y después perecí. No siendo más dejé todo así, quedé suspendido, en un tremendo vacío, flotando lentamente, sin aire, luz, agua o regazo; solo la nada cuidaba de lo que no existía, y consumía todo lo que nombre no tenia.